La Emigración
"Los maragatos"(de Luis Alonso Luengo; Edic. Lancia)
1.- Argentina
Cuevas Maragatas en Patagones
  El primer aspecto de ese impulso que al maragato le empuja a correr mundos, a salir, fue la arriería; el segundo, importantísimo, el de la emigración, sobre todo a los países de Sudamérica y que revista unas características muy singulares.
  Es a partir del siglo XVIII, en su segundo tercio, cuando el fenómeno, con carácter masivo, se comenzó a producir.
  Hacia dos zonas de América del Sur se dirigió principalmente la emigración maragata: Argentina y el Uruguay. En la Argentina fueron pobladas y colonizadas por los maragatos las regiones de Patagonia y la Pampa.
  Don Matías Rodríguez en su «Historia de Astorga» (1) daba el dato de que «cierto señor Saura natural del Bierzo promovió, a mediados del siglo XVIII, la inmigración maragata en Río de la Plata, obteniendo para ello regalías ,especiales del Virrey Ceballos y ayudóle en la realización de su pensamiento Don Juan de la Piedra, hijo de Astorga y colonizador oficial de la Patagonia».
  Ignacio Prieto del Egido -escritor astorgano radicado en la Argentina y excelente poeta- en un ensayo suyo en «El Pensamiento Astorgano » (2), constata, cómo el 8 de junio de 1778 se publicó en maragatería un bando ofreciendo, a los que quisieran ir a poblar la Patagonia, tierras, semillas, aperos y salarios, y que, en virtud de él, fueron embarcadas familias enteras de maragatos camino de Argentina en el puerto de La Coruña -lo que hizo creer que aquellas gentes eran gallegas- con lo que, dice Prieto del Egido, «se pretende restar mérito a los maragatos en aquella empresa de enormes proporciones colonizadoras».
  Nuestra gran amiga, la exquisita pintora y profesora de la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires Josefita Alonso, y su hermana y escritora Mª. Jesús, en relación con la Directora del Museo Histórico Regional «Francisco Viedma» de Carmen de Patagones, Emma Nozzi, nos envían una copiosa documentación en la que aparece, efectivamente, el astorgano Juan de la Piedra como colonizador oficial de Patagonia que antes había sido Ministro de la Real Hacienda de las Islas Malvinas. Quedando claro, según establece el libro de José García Enciso «La Gesta de los Patagones» (3) que si el asentamiento primero en Carmen de Patagones se debio a una expedición mandada por el astorgano Juan de la Piedra, en la que figuraba el célebre piloto Basilio Villarino; construido el fuerte sobre el «Rio Negro» de cara al la inmensa Patagonia, se asientan alli -dice el autor- «distinguidisimas familias maragatas como los Crespo(1781), los Carro(1779-1781), y los Alonso(1780-1781) entre otras» (4). Y es patente que consolidada como ciudad «Carmen de Patagones», adquirio su vida una vigorosa personalidad comercial e intelectual que recuerda mucho a la Astorga cultural mercantil y progresista de entonces, y que ha permanacido hasta hoy bajo el apelativo de «ciudad maragata» y llamandose sus habitantes -como siguen llamándose ahora «maragatos» sostuvo guerra, en las que fue exaltado el heroismo de los maragatos -y de las mujeres maragatas, sus compañeras-, y actualmente su museo Historico, antes aludido, conserva una pareja de muñecos maragatos -bellamente autenticos- y tamboriles, galochas y otros enseres de la maragateria teniendo la ciudad diversos establecimientos comerciales subtitulados «maragatos» como «Inmobiliaria Maragata», «Tricot maragatos» etc., y que en fin su Alcalde -Jefe Comunal- en recortes de prensa que tenemos a la vista de 8 de marzo de 1978, al pronunciar en conmemorativo de la gesta belica de la ciudad frente a los brasileños de 7 de marzo de 1827, su discurso se presenta como «Jefe Comunal Maragato» (5).
  El 22 abril 1979, Argentina celebró en las ciudades Carmen de Patagones y Viedma -situadas a una y otra orilla del Rio Negro y unidas hoy por un puerto gigantesco- el bicentenario de la fundacion de ambas ciudades, hecho acaecido el 22 de abril de 1779. La prensa argentina(6) nos ha dado puntual noticia de los actos conmemorativos que con este motivo se desarollaron en Viedma y Carmen de Patagones -organizados por una comision presidida por el gobernador de «Rio Negro» provincia a la que pertenecen- y a los que se dio la máxima solemnidad con la presencia del Presidente de la Nación argentina y del Embajador español en aquel país.
  En crónica especial de los actos, el periodista Rubén Benítez cuenta cómo en las calles de Carmen de Patagones aparecían, junto a las argentinas, gran cantidad de banderas espaáolas «que reflejaban -señala- la vigencia de las raíces ibéricas» y, después de describir lo acaecido en Viedma, dice: «por otra parte, y con un significado parecido, se llevó a cabo una emotiva rememoración en Carmen de Patagones. Alrededor de cuarenta maragatas vestidas a la usanza de doscientos aáos atrás descendieron en el muelle de esta ciudad. A diferencia de lo ocurrido hace dos siglos, cuando llegaron no se encontraron solas. Había frente a ellas en el muelle cerca de tres mil personas que exteriorizaron su simpatía con calurosos aplausos. La recordación de la llegada de los primeros pobladores procedentes de la maragatería espaáola fue protagonizada por los miembros de la Agrupación Maragata de Buenos Aires y por residentes de Patagones en la capital federal»(7).
  Este bello simulacro rememorativo del desembarco de los colonizadores maragatos en Patagonia -22 de abril de 1779-, y realizado el 22 de abril de 1979, tuvo un emotivo colofón espaáol y fue el acto que se celebró en Astorga, poco tiempo después, y cuya crónica debemos al excelente periodista astorgano Martín Martínez(8).
  Dice éste entre otras cosas: «Para celebrar un acto extraordinario del bicentenario de la Fundación de Carmen de Patagones viajaron a Astorga desde Argentina casi medio centenar de personas. La ciudad maragata vivió una jornada memorable y emotiva con motivo de esta visita».
  «En el salón de sesiones del Ayuntamiento astorgano la embajada argentina y la Corporación Municipal realizaron intercambios de obsequios. De allá trajeron unos puáados de tierra maragata patagona, un pergamino con reproducción de los restos del fuerte que fundaron los leoneses, el Escudo de la ciudad, recién estrenado este aáo, y varios regalos más. El Centro Región Leonesa de Mar de Plata y el Centro Leonés de Buenos Aires también enviaron sus memorias.»
  «Los parlamentos del Alcalde astorgano y del Jefe de la Expedición argentina don Edelweis-José Villar estuvieron cuajados de emoción, de sentimiento y de cariáo de unos para con los otros.
»
  «En la escalinata de subida al Ayuntamiento quedó instalada una placa de bronce argentino con la siguiente inscripción:

«EL PUEBLO ARGENTINO DE CARMEN DE PATAGONES, PROV. DE BUENOS AIRES, argentina.
al pueblo y autoridades de astorga. 1779-22 DE ABRIL-1979.»
  «Un tradicional cocido maragato, la visita a la ciudad y un corto viaje al típico pueblo de Castrillo de los Polvazares pusieron punto final a una jornada lleno de emoción y de querencias patrias.» (9)
  Junto con la Patagonia parece ser que los maragatos se extendieron por la Pampa a la que poblaron por el sistema de «pulperías» según ha anotado Ignacio Prieto del Egido.
  Y, en este punto, hemos de recoger una opinión del historiador de Astorga que en su día expusimos al gran escritor argentino don Enrique Larreta, que la aceptó, y que anotamos en nuestro ensayo «Una Ciudad Maragata en la Argentina»(10) , es la de que el traje varonil «gaucho» procede del maragato que, cómodo para la arriería, lo era para el vivir, y el galopar de la Pampa. En él las mismas «bragas», más largas y anchas en el gaucho; el mismo ancho cinto; la misma «almilla» hecha blusa; las polainas y el propio amplio sombrero con borlas episcopales, todo de más amplitud en el gaucho que en el maragato por ser más dinámica la actividad de la Pampa.



Notas

(1) «Historia de Astorga», Astorga, 1909, pág. 682 y siguientes.



(2) «El Pensamiento Astorgano», 19 de julio de 1966.

(3) «La gesta de los Patagones» por Isaías García Enciso. Buenos Aires, 1972, cap. 1.

(4)   En las eruditas y bien documentadas «Publicaciones» o fascículos que periódicamente da a la luz el «Museo Histórico Regional Municipal de Patagones», bajo la inteligentísima dirección de Emma Nozzi, se ha hecho -Publicaciones núms. 4 y 8- una completa historia de la Fundación de Carmen de Patagones, y al hablar de estos colonos maragatos (« Publicación», núm. 8, págs. 6 y 7) se dice: « Se trata de familias labradoras y artesanas, las que apenas arribadas son socorridas con ración que consiste en ocho onzas de bizcochos, una de hierba, una de sal, media de ajo, media de tabaco, una res por cada sesenta hombres y cuatro reales de leña por cada res. Además venían con la promesa de un real de plata por día durante un año -cosa que coincide en parte con lo que señala Rodríguez Díez-, casa habitación digna, tierras en propiedad, yunta de bueyes, semilla y útiles de labranza». Mas -se añade- «muy poco recibieron de esas promesas; pero de cualquier manera quedaron -los maragatos- en Patagones sembrando el trigo y hortalizas, plantando frutales, criando cerdos y aves de corral, moliendo el grano, preparando jamones, fabricando el vino y el guindado, cuidando el ganado y explotando salinas y saucerías. Comercian también, y activamente, con las tribus, intercambiando productos: por alcohol, hierba, tabaco, galleta, azúcar, bayeta y abalorios, obtienen vacas, ovejas, caballos, cueros, plumas, tejidos, pampas y platería». Todo ello revela la capacidad y tesón para el trabajo y el instinto comercial de los colonizadores maragatos tan característicos de su raza.

(5)  «Río Negro», Diario argentino, 8 de marzo de 1978, núm. 10.480.

(6)  «La Nación» de Buenos Aires, martes 13 de marzo de 1979 y miércoles 18 de abril de 1979. «La Nueva Pronvincia» de Bahía Blanca de 22 de abril de 1979.

(7)  Crónica del enviado especial de «La Nueva Provincia» de Bahía Blanca, Rubén Benítez, núm. 27.519 de 22 de abril de 1979, pag. 1.°.

(8)  Revista «León» de la Casa de León en Madrid, núm. 303, octubre, 1979, pág. 21.

(9)  En edición especial de «Nueva Provincia» dedicada íntegramente, y con carácter monográfico al bicentenario de Biedma y Carmen de Patagones de 22 de abril de 1979 -que tenemos a la vista y que se compone de una serie de estudios de muy alto interés y el más exhaustivo tratado del tema-, aparece, entre otros ensayos, el magistral de Emma Nozzi sobre Luis Pedraza Bueno, y otro muy curioso dedicado a «Las Mujeres que transformaron el desierto», firmado con las iniciales J.E.N. En éste se dan nombres de una serie de mujeres -esposas, hijas y hermanas de los fundadores de Carmen de Patagones- de apellidos netamente maragatos y se exaltan sus virtudes, su coraje y su heroísmo junto a los de los hombres- luchando «al principio con un medio salvaje y hostil pero aclimatándose luego hasta hacerse típicas compañeras de hombres que por actuar siempre sobre campos abiertos y fronteras móviles se fueron convirtiendo en la clásica figura del pionero» entre estas mujeres maragatas de temple bíblico se cuenta el sucedido con Gerónima Crespo -célebre en los fastos de Carmen de Patagones por su inteligencia y su valor- que se enfrentó «con el propio gobierno colonial que impedía a los vecinos maragatos abandonar Carmen por temor a su despoblamiento» el «problema radicaba -dice el cronista- en que Gerónima quería enviar a sus hijos a Buenos Aires para proseguir sus estudios que en Patagones no podían hacer y se encontraba con la férrea voluntad del comandante político y militar resuelto a hacer cumplir las disposiciones del Virrey. La señora Crespo se dirigió al Liniers diciéndole que siendo sus hijos nietos de los primeros pobladores maragatos no creía debieran estar sujetos a la voluntad de los comandantes de aquel destino en el caso de transferir su domicilio a la capital y mucho más cuando obedecían a su dirección maternal y contaban con su licencia y finalizaba la nota suplicando se sirviera mandar que cuando yo quiera remitir algún hijo se me permita sin que la voluntad de los comandantes nos tenga como esclavos. El historiador Juan José Biedma que es quien trae la referencia -dice el referido ensayo- anota: tal es el caso a que aludimos y con honda satisfacción damos a conocer... porque en él aparece luchando, contra una extorsión incalificable, una de las fundadoras de Patagones que, ejerciendo sus derechos sagrados de madre, los invoca altiva ante el representante del Rey y consigue que el mandatario los reconozca respetuoso». Tal era el temple de las mujeres maragatas compañeros de los pobladores de Carmen de Patagones.

(10)   «El Pensamiento Astorgano» de 19 de agosto de 1978 y Revista «León», diciembre, 1978._ Allí contábamos el sucedido que por su interés hemos de transcribir: «Cuando hace ya muchos años el insigne novelista argentino don Enrique Larreta vino a España en uno de sus viajes habituales, tuvimos la oportunidad de plantearle el problema del origen del traje gaucho como derivación del maragato. Don Enrique Larreta nos escuchaba pensativo cruzando sus manos de marfil, cubriéndose con el caído tupé parte de la frente, recortado el fuerte bigote como nos lo muestra en su pintura Zuluoga sobre el fondo de una Avila borrascosa. Y con suave tonalidad argentina de gran señor:
«-Cierto... muy cierto... nunca había reparado en ello. Y sin embargo...
«El testimonio -apuntamos nosotros- es de primera calidad. Fue Don Matías Alonso Criado -el más insigne historiador que han tenido los maragatos de América- quien lanzó la tesis luego corroborada por Don Matías Rodriguez en su 'Historia de Astorga'; y le describíamos el traje maragato tan similar al de los gauchos argentinos.»
«Don Enrique, con exquisita cortesía, tomaba nota de cuanto le decíamos con aquella su letra firme y temblorosa a la vez, y después rubricando la visita tendiéndonos su amable mano:
«-Yo le prometo que en mi próximo viaje a España traeré investigado el problema que interesa lo mismo a los españoles que a los argentinos.»
'Al año siguiente Larreta volvía a España. Por teléfono su voz, de dulce fonética porteña, nos dijo:
«-Querido amigo... tenía usted razón. Traigo los datos sobre el origen maragato del traje gaucho que le van a interesar mucho. Ya le contaré.
«Y yo, impaciente:
»-Cuándo nos veremos, don Enrique.
»Y él correctísimo:
»-Perdonen que no sea hoy, porque mañana a primera hora me voy a Andalucía. Volveré a Madrid dentro de ocho días y entonces hablaremos.
»Pero Larreta no regresó nunca a Madrid. Súbitos problemas urgentes le hicieron retornar con premura a su tierra. Al poco tiempo moría, y por mucho que lo intentamos no hemos podido conseguir aquellos datos -seguramente definitivos- que don Enrique Larreta generosamente nos iba a brindar.»